ART. PORTUENSE
"Diario del Valle"
QUE NADIE SE CREA CULPABLE
ARTÍCULO DE: Celestino González Herreros
Como quien rebobina la marcha del tiempo, volviendo al no muy lejano pasado. Me dispongo, si las circunstancias lo permiten, revivir aquellas tardes en el “Chiringuito de Agustín Ángel Armas Hernández”, ubicado en la esquina de la calle Masaroco y la calle San Felipe, lugar muy rudimentario, pero muy acogedor para los pocos amigos que allí nos reuníamos y hablábamos de todo un poco y sin calumniar a nadie. Era como una pequeña, una humilde y singular tertulia donde sólo se enaltecía a los hombres y mujeres de todas aquellas clases sociales y comentábamos anécdotas de ellos con el debido respeto y admiración. La poesía era nuestra bandera… Y pienso que la poesía siempre fue un vinculo solidario si se la sabe interpreta. En Puerto de la Cruz todo, menos la política, nos unía siempre y allí no se hablaba de política, cada cual tenía derecho a pensar libremente. No necesitábamos subvenciones… Pero ya no existe para nosotros, la sana actividad de aquel lugar, refugio tranquilo y a la vista de todos, donde asistí muchas veces. Lo triste es que muchos de aquellas buenas personas ya tampoco existen, sólo quedamos unos pocos y cuantas fotografías que fuimos recopilando y exponíamos, así como los poemas, pegadas a las paredes… Las veladas duraban dos o tres horas, suficientes. De todo esto, sólo han transcurrido tres o más años, si mi memoria me ayuda. ¡Es que el tiempo pasa tan rápido!..
Lugar familiar, donde nos reuníamos un pequeño grupo de amigos y algunos matrimonios extranjeros. También paisanos venidos de Venezuela, por ejemplo. Donde se hallaban plenamente a gusto y más que nada porque el ambiente que generábamos inspiraba confianza y seguridad ciudadana. Donde sabíamos que nos íbamos a encontrar e íbamos a tener la ocasión de hablar, desahogar, soltar adrenalina, quemar energías, comunicarnos y discutir si fuera necesario, pero sin salirnos del mutuo respeto. Rememorábamos acontecimientos, vivencias pretéritas y las cosas obligadas de nuestro polémico presente. Nunca hablamos de política, eso es cierto, ante todo había que respetar, también, a quienes no estuvieran presente. Ese era otro tema distinto que, casualmente, a ninguno de los amigos nos interesaba allí dentro, o al menos no nos atraía. Sin embargo nos conocíamos todos, unos de un lado y los otros del suyo, o bando contrario. Pero en definitiva, nos respetábamos mutuamente, como personas civilizadas y democráticos. Eso es bueno que se sepa y que se tenga en cuenta. La convivencia ciudadana se sostiene en esa legítima importancia: el mutuo respeto.
No voy a ponerme sentimental, ni voy a negar que aquel lugar, dentro de su humilde estancia y situación, era justamente lo que necesitábamos las gentes, aunque no lo confiesen abiertamente, en nuestro Puerto de la Cruz. Aquí se ha descuidado mucho el sentimiento asociativo, un lugar donde podamos ir, e incluso con el resto de la familia a pasar un rato, a matar el tiempo de ocio y para alternar y cambiar conceptos, alimentar culturas y acostumbrarnos a convivir socialmente. Para estar más cerca de los hijos y ellos de sus padres y abuelos. Simplemente, convivir más cercas desde el punto de vista familiar. De momento, no había otra cosa.
A veces pienso que la sociedad donde vivimos, concretamente el Puerto de la Cruz, los mayores no tenemos derecho a criticar a nuestros jóvenes, pienso que los hemos dejados solos, a su loco albedrío, y en ellos ha nacido un sentimiento distinto, no de rebeldía, seguramente sea del propio alejamiento. Los unos se encuentran con los otros y buscan sus nuevos incentivos en su mundo distinto, nuevas fórmulas y conceptos que sólo a ellos, perece les compete. Se identifican libres y posiblemente pasando un tanto, de todos nosotros, los adultos; y de aquellas enseñanzas que nos transmitieron nuestros antepasados.
Cualquier municipio de nuestra isla, dispone de un Club, Círculo de Amistad, Centro Cultural, Religioso, Mercantil, etc. En nuestra ciudad, nada de eso, aunque si hubo épocas que existían los Casinos y todo eso, luego han transcurrido once décadas, más o menos, en que aquellas inquietudes cívicas y sociales se acabaron. En cambio, repito, hasta el municipio más pobre y pequeño, las gentes tienen donde reunirse, donde aprovechar el tiempo de ocio, como en los Centros de la Tercera Edad. Aunque no es todo lo práctico que se desea, y menos como funcionan hoy. Los domingos no se abre el Centro, se recoge demasiado temprano y hay más burocracia que lugares y medios de distracción.
La juventud nuestra necesita lugares parecidos, pero a escala razonable, para jóvenes, donde puedan asistir libremente aquellos que lo necesiten. En cambio, ocurre todo lo contrario, los muchachos andan sueltos o desparramados por doquiera y si se juntan, casi siempre es para pervertirse con el alcohol y las otras drogas, creando toda clase de situaciones límites y deteriorando su salud y conducta cívica, descontrolados y como ya dije, desorientados (respetando las honrosas excepciones). No tienen dónde ir y lo más fácil es buscar el calor y la tolerancia en los amigos. La vida ha evolucionado así para ellos, porque no hemos sabido orientarles. No, que nadie se crea culpable, pero reconozcamos que fuimos débiles con ellos. Antes pensábamos que con darles buenos ejemplos ya estaba resuelta esa importantísima responsabilidad… Paradójicamente, hay más hijos desviados, hijos de buenos padres, preocupados siempre por la educación de los mismos, más que los de aquellos padres (sumamente ocupados) que no pensaron seriamente en el futuro de sus hijos. Cada cual eligió un camino; y sólo hay dos, el del bien y el equivocado…