ART. PORTUENSE
"Diario del Valle"
IRONÍA DEL DESTINO DE LOS PUEBLOS
ARTÍCULO DE: Celestino González Herreros
No es un día cualquiera, es distinto a los demás, en cuanto a motivaciones sentimentales se refiere. Sucede cada año por estas mismas fechas, cuando elaboramos los tapices de flores en honor al Corpus Christi, tendidos a todo lo largo de algunas calles y plazas públicas de nuestros pueblos y ciudades. Y el Puerto de la Cruz, en su afán de superación, cada vez lo hace mejor. Lo que más admiro, sinceramente, es la gran participación de nuestra juventud, pese a los escasos medios económicos de que se dispone en esta área cultural por parte de las arcas municipales, pero así y todo, logramos mejorarnos. Los jóvenes y la presencia inestimable de nuestros mayores que, colaboran activamente, en la medida de sus posibilidades artísticas, asesoran a esta nueva sabia que según sus actos, así les valoramos.
Las hogueras de San Juan, también, forman parte de nuestros tradicionales ritos populares.
El Puerto de la Cruz sigue siendo el edén de todos nuestros sueños, aquel pueblecito pequeño, adorable... Aunque hoy sea, por su importancia social y económica, ciudad, lugar donde los de afuera hacen fortuna y los de aquí somos pasivos observadores y admiramos tanto auge físico, político y social. A veces, pienso como un extraño, respecto a este amado terruño, solar de quiméricas tardes, de vivencias inolvidables de un ayer muy lejano. Puerto soleado y apacible de blancas casitas... Aquellas tibias brisas trayéndonos aromas marinas y tiernas caricias y el rumor de las olas cual canto de esperanzas desde la inmensidad de sus aguas. Todo aquello es como un tesoro que los portuenses guardamos con gran celo en nuestro corazón, sólo con nuestro amor lo defendemos viéndole con tristeza ir a otras manos extrañas cambiándolo todo fríamente.
Y si al menos se hubieran integrado a nuestras costumbres, si respetaran nuestras viejas tradiciones. Ya no es como antes, no se oye cantar a un gallo en las calladas madrugadas portuenses, porque ello molestaba al turismo. Ya no hay serenatas en las noches apacibles, para acompañar el sueño de la amada... Ya las parrandas callejeras son perseguidas por las fuerzas del orden y difícilmente puedes cantar en un lugar público, lo que antes llamábamos: ambiente en las tascas del pueblo. Y qué ironía, ahora la noche y los lugares públicos son propiedad del hampa y la delincuencia callejera. Prostitución y venta de drogas, consumo indiscriminado de la misma e impotencia ciudadana para reprimir tales desmanes sociales. Ay, aquellas noches oyendo el concierto de los grillos hasta que el canto del gallo los ahuyentaran. Aquellas románticas serenatas... Las gentes eran distintas, hubo mucha estrechez, sí, y muchas penas, algunas inconfesables, pero vivíamos más seguros en todos los aspectos. Superamos el rencor político de entonces y construimos una nueva sociedad creyendo que irían a poder disfrutarla nuestros descendientes... ¡No fue así!
No es una simpleza lo que diga como oportuno inicio para encausar criterios preocupantes acerca del rumbo que están tomando los jóvenes en nuestra sociedad, dado el preocupante auge del desorden habitual en el comportamiento de nuestra desorientada juventud, actitudes y reflejos dignos de consideración por su importancia misma. Por otra parte hay una considerable mayoría y encomiable que hace sentirnos menos pesimistas; y si nosotros, los verdaderos responsables de tal deterioro, nos aferramos un poco más en devolver la confianza en ellos, habremos conseguido darles abiertos los causes orientadores del éxito probable en esa lucha callada que los muchachos de hoy libran frente a las distintas adversidades que les acechan. A veces pienso, si para nosotros, los adultos experimentados, es difícil salir de cualquier agujero, por insignificante que sea, pese a saber tanto de la vida, teniendo conocimientos y hasta amistades que puedan ayudarnos, si así y todo, se nos hace difícil, cuanto más difícil será para ellos que saben tan poco y que tan mal los hemos acostumbrados dándoles todo hecho... De ninguna manera trato de generalizar, sería una crueldad de mi parte. Hay jóvenes que ellos solitos han conseguido, e incluso, lo que nosotros no pudimos lograr en tantos años, ellos lo han conseguido. Claro está, todo lo compartimos, les dimos más de lo que a nosotros pudieron darnos. Y están bien situados, no les falta nada, teniendo un trabajo estable y cuidando no perderlo, lo han conseguido solitos. Los que me apenan son aquellos que no pudieron, no quisieron o no supieron luchar para alcanzar metas importantes en sus vidas.