INFORMACIÓN RECIBIDA DESDE CUBA ASOCIACIÓN DE PERIODISTAS INDEPENDIENTES
Rita María Montes de Oca, de 46 años, dijo que el pasado 18 de agosto fue inyectada en el glúteo derecho, durante la golpiza que le propinaron a las Damas de Blanco oficiales de la Sección 21 del Ministerio del Interior y varios pandilleros con aliento etílico, miembros de las parapoliciales Brigadas de Respuesta Rápida que el gobierno utiliza para estos fines.
Rita María Montes de Oca y las demás mujeres fueron agredidas tras participar en la tertulia cívica que realizan, los días 18 de cada mes, las Damas de Blanco para rememorar la ola represiva del año 2003.
Según Rita María, la inyección le provocó nauseas, mareos, hinchazón en las piernas, sueño profundo, subida de la presión, permanente sabor a sangre en el paladar, zumbido en los oídos, nublazón de la vista y mucha molestia en el ojo derecho. Además le bajó la menstruación con abundante pérdida de sangre.
Esta práctica de inyectar en medio de una golpiza la han utilizado desde el año 2009 contra las activistas de derechos humanos, según han declarado Mayra Morejón, Mercedes Fresneda, y más recientemente Sara Martha Fonseca. Estos hechos han sido expuestos con anterioridad por periodistas independientes.
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Los vecinos del reparto Jiguaní, en la provincia oriental de Granma, enfrentan una de las crisis más severas desde la época del periodo especial de los años 90.
Algunos productos normados, como el café mezclado con chícharos, que se venden a través de la libreta de abastecimiento han desaparecido de los comercios desde hace meses. La falta de transporte no permite que llegue a la localidad la harina con la que se fabrica el pan, los dulces y otros alimentos. Los productos liberados, que se venden sin racionar, a precios muy altos tampoco llegan a los comercios de este territorio, obligando a los habitantes de Jiguaní a recorrer 15 kilómetros para llegar a Bayamo y poder adquirir productos como pasta dental y jabones.
Las frecuentes interrupciones del servicio eléctrico hacen que los motores que bombean el agua para el suministro de las viviendas no puedan funcionar y en ocasiones el agua ha faltado por periodos de hasta 15 días.
¨Hemos tenido que recoger agua de lluvia para tomar y podernos bañar, estamos viviendo como animales¨, dijo Magdalidia, una vecina de la localidad, mientras recogía agua en un recipiente, bajo de un fuerte aguacero.
A pesar de todas las dificultades mencionadas, lo que más parece preocupar a los pobladores es la fragilidad de la mayoría de las precarias viviendas, que en temporada ciclónica corren grave peligro de derrumbe.