EL PLANETA
"Diario del Valle"
TRES ARTÍCULOS JUGOSOS QUE INDUCEN A LA UNIDAD ANTE EL 20N
ARTÍCULO RECIBIDO DE: Santiago Luis García
OBAMA NOS ATACA...
Dentro de la lucha económica e ideológica entre el imperialismo y la clase trabajadora, el Presidente Obama, tras un lunes negro con el desplome de las bolsas, que ha desatado el martes loco, provocando un enorme pánico generalizado en las altas finanzas, ataca a Europa diciendo que, ante la quiebra de Grecia están “España e Italia, en riesgo de contagio”.
Esas palabras representan una clara advertencia de que, al haber planteado una salida neokeynesiana para EEUU, con la propuesta de un plan de inversiones públicas de 450.000 millones de dólares, la lucha ideológica entre los intereses del imperialismo y los de la clase trabajadora europea se agudizarán con esas declaraciones, a la vez que exige medidas “muy liberales a los gobiernos europeos”, azuzando a su vez a los tiburones especuladores a seguir castigando la economía de la eurozona, por lo que la lucha de las organizaciones de izquierdas debe pasar a primera línea, con la perentoria necesidad de preparar una alternativa, ante el inminente peligro de descomposición del sistema en la Unión Europea.
Por tanto, debemos reforzar las organizaciones de izquierdas para prepararnos ante las luchas que se nos avecinan, porque los trabajadores debemos comprender que sin la lucha diaria por conseguir avances, aunque sean parciales, bajo el capitalismo, el camino hacia la transformación socialista es impensable.
Es preciso ponernos como tarea organizar a las masas, para que se eduquen en la lucha y en la teoría y poder forjar así el instrumento necesario para llevar a cabo los cambios sociales que nuestra clase necesita y que no son posibles en este sistema, dado el estrecho marco del capitalismo en este proceso recesivo decadente y corrupto.
La inminente bancarrota de Grecia, puede sacudir violentamente las economías europeas y mundiales, incluso teniendo en cuenta que su PIB apenas representa menos de un 3 % del conjunto de la eurozona. Pero el peso específico de los otros dos países que menciona Obama, Italia y España, suman entre los dos un 30 % del PIB europeo y si son atacados por los tiburones financieros, y se declara la bancarrota, podrían arrastrar en su caída a las dos mayores economías de la zona, como son Alemania y Francia, cuyos bancos son los que sufrirían los impagos de las quiebras si el Euro salta por los aires y la Unidad Europea comienza a desmembrarse.
La lucha de resistencia, por pequeñas reformas y avances es muy necesaria, pero totalmente insuficiente, sobre todo en los momentos actuales, cuando estamos sufriendo un ataque brutal por parte de la burguesía mundial contra el nivel de vida, las pensiones y los salarios de los trabajadores que hacen retroceder las condiciones laborales destrozando puestos de trabajo. Por ello es preciso comprender, que incluso, cuando la clase trabajadora arranca mejoras en sus condiciones a base de luchas y esfuerzos, esas conquistas son momentáneas, como estamos comprobando en la actualidad.
Siempre hemos dicho los socialistas marxistas que lo que la patronal te da con una mano hoy, mañana intentará quitártelo por otros medios. Cada aumento salarial es contrarrestado en parte por el aumento de la inflación, o sea, el incremento de los precios y los impuestos.
Aumentan en estos momentos de una manera sin precedentes el paro forzoso y la precariedad laboral, incluso teniendo en cuenta la manipulación escandalosa de las cifras que hace la clase dominante y a la propaganda basada en mentiras de los grandes medios de comunicación al servicio y bajo el dominio de la burguesía.
Todo esto está teniendo lugar de forma cada vez más acelerada desde que comenzó la crisis mundial en EEUU en el verano de 2007, donde el colapso de las finanzas nos amenazan de nuevo con un recrudecimiento de la recesión tanto en Europa como en todo el sistema para seguir descargando los costos de la crisis sobre la clase trabajadora.
Largo Caballero decía que “a la clase trabajadora hay que decirle la verdad, aunque les duela” y en estos momentos más que nunca, porque estamos muy hartos de las mentiras, las manipulaciones y los engaños. La realidad es que la única manera de dar solución a la actual crisis que padece el sistema capitalista es mediante la transformación radical de la sociedad, para poner fin a la dominación económica de las grandes palancas productivas en manos de la burguesía, nacionalizando la banca, los monopolios y los latifundios, que nos permita planificar la economía y ponernos todos a trabajar, repartiendo con justicia el fruto social del trabajo.
Si se sigue buscando por parte de las direcciones socialdemócratas o estalinistas otro camino, como las Terceras Vias ya fracasadas o experimentos de ir al socialismo mediante dictaduras contra el proletariado, esas supuestas soluciones nos llevarán a un desastre. Además, si los dirigentes del movimiento obrero empleasen su tiempo y las energías que dedican a sus políticas de pactos, conchaveos y consensos estériles con la burguesía y el gobierno que niega las verdaderas reformas, se dedicaran, insistimos, en explicar la auténtica y grave situación de recesión a la que nos enfrentamos, movilizando, organizando y llamando a la unidad en la acción del movimiento obrero y la juventud para cambiar la sociedad, defendiendo un programa de transición, los problemas sociales serían resueltos con el concurso de la población mediante la aplicación de un programa socialista claro y concreto.
Tenemos que explicar claramente que es preciso luchar contra todos los intentos de la burguesía de cargar el peso de la crisis, que ellos solos han montado y que, por tanto, la clase trabajadora rechazamos sus intentos de cargar todo el peso de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores y nuestras familias; tenemos que luchar asimismo por un programa y un gobierno verdaderamente de izquierdas, que lleve a cabo la nacionalización de la banca, los grandes monopolios y los latifundios, bajo el control democrático de la clase trabajadora, los campesinos pobres, los autónomos y el movimiento cooperativo y de economía social en su conjunto, como la única manera de salir de la recesión que azota a millones de trabajadores, amas de casas, pensionistas y jóvenes.
Científicamente tenemos que negar que el actual modelo capitalista sea democrático, porque la sociedad bajo el dominio de la burguesía, nunca lo ha sido, ni lo es, ni lo podrá ser, porque está dominada por una minoría que representa los intereses de la clase dominante. En la sociedad moderna, es la clase trabajadora la que representa la aplastante mayoría de la sociedad y hasta que no sea una realidad que sea esta clase, como clase en sí, la que tome el poder político con todas sus consecuencias, democratizando el poder económico y avanzando hacia la democratización de todas las estructuras del estado, no avanzaremos hacia una auténtica democracia ni se podrá construir el verdadero socialismo.
La clase trabajadora es hoy tan numerosa, formada y preparada científicamente que en sus manos le corresponde que descansen las palancas más importantes de la economía, para poner a ésta al servicio democrático de los ciudadanos, en un plano de igualdad, justicia y libertad. No hay ningún poder en el mundo capaz de resistir la fuerza de la lucha de masas de la clase obrera, una vez que ésta se moviliza para cambiar profundamente la sociedad. Los ejemplos los hemos visto este mismo año en todo el Norte de África, desde Túnez a Egipto, contagiando a todos los países, que por desgracia, en algunos de ellos, el comportamiento tiránico y sanguinario de sus dictadores han bañado en sangre las ansias de libertad y de conseguir un mundo mejor de sus pueblos.
Hemos visto las maravillosas luchas No Violentas de Túnez y Egipto, cómo las masas han derribado a Estados aparentemente poderosos, cuyos dirigentes han visto su poder reducido a la impotencia en los momentos de la verdad, una vez que la Policía y los soldados se dieron cuenta del poder abrumador que tienen los pueblos que se levantaron, perdiendo el miedo, ante la opresión de sus tiranías, que por otra parte, es preciso hacer constar, que tenían el apoyo del imperialismo y las distintas burguesías de los demás países e incluso algunos de ellos operaban bajo el paragua de la Socialdemocracia Internacional. La verdad es la verdad, la diga Agamenón o la diga su porquero, como dice el refrán.
Eso ha ocurrido en países que no han tenido la oportunidad de tener partidos y sindicatos de clase formados antes de sus rebeliones. ¿Qué cosa podríamos hacer si los comparamos con la clase trabajadora organizada del Estado español o cualquier otro país desarrollado, con una clase obrera poderosa con grandes tradiciones de lucha? ¿Qué es lo que nos está faltando? Falta una dirección firme y correcta que marque el camino unitario y bien organizado hacia la transformación socialista de la sociedad.
El período en el que hemos entrado no serán años de tranquilidad ni paz social, sino todo lo contrario, habrá luchas cada vez más firmes y organizadas porque la clase trabajadora tiene que responder a los ataques que estamos sufriendo. El capitalismo ha entrado en una recesión que puede ser larga, con posible estancamiento o lo que es peor, con la temible “estanflación” lo que le llevará de una crisis a otra.
La clase trabajadora, guiada por su propia experiencia y con el apoyo teórico de las corrientes o partidos de clase que más les convenzan, junto con la juventud e incluso algunas capas de autónomos y pequeños empresarios arruinados, aprenderá pronto las lecciones del pasado y se reorganizará cada vez mejor sacando conclusiones correctas.
La propia dinámica de la lucha hará que surjan nuevos luchadores que entrarán con valentía y nuevos bríos en nuestras filas para sustituir a los que se han desviado o estén cansados de la lucha. Las organizaciones de la clase obrera sufrirán transformaciones de arriba abajo y por la experiencia y la necesidad comprenderán que es muy necesario rearmarse ideológicamente y además defender un programa auténticamente socialista que supere al actual modelo capitalista, corrupto, decadente y obsoleto.
Nuestros ideales, que hasta ahora, han sido escuchados por grupos minoritarios, por el cerco mediático y de censura impuesto por el sistema capitalista, y también, todo hay que decirlo por el ninguneo y problemas que nos han venido imponiendo los compañeros de la corriente oficial para desarrollar un trabajo serio, negándonos cualquier tipo de apoyo financiero justo, serán asumidas en un futuro no muy lejano por millones de trabajadores.
Venimos insistiendo en que el capitalismo no ofrece ningún futuro digno para la clase obrera, la juventud y los sectores menos favorecidos de la sociedad. Por tanto, la mejor solución es la abolición radical de este modelo actual. No obstante reconocemos que la condición previa para que esto pueda alcanzar su triunfo favorable para los trabajadores es la preparación y formación de cuadros socialistas, educados en la filosofía y la ciencia del materialismo dialéctico, en cada zona del territorio y también a escala Internacional, porque el socialismo, o es internacionalista o nunca se podrá lograr.
En la Convención de Izquierda Socialista-PSOE celebrada el fin de semana último del 10 y 11-9, se ha estado trabajando, después de un largo debate de los últimos meses, sobre la preparación de un programa verdaderamente socialista para caminar en la lucha por el giro a la izquierda, orientados hacia la búsqueda de la unidad con otras fuerzas de la izquierda.
Este programa lo vamos a explicar allá donde podamos con la tarea urgente en los momentos actuales, de iniciar la recuperación de las señas de identidad del socialismo, abandonadas por la corriente oficial, con el objetivo de acumular fuerzas, reorganizar un ala izquierda amplia en el Partido, orientarnos hacia la colaboración con fuerzas sociales, sindicales y de izquierdas, para la acción común, tanto en el plano político, sindical, como asociativo, potenciando la participación de nuestros militantes en los movimientos sociales incluido el 15M, a título particular, con el objetivo de ofrecer nuestro apoyo a las luchas que la clase trabajadora tendrá que enfrentarse contra la burguesía y su sistema capitalista.
ÁREA DE COMUNICACIÓN Y FORMACIÓN.
IZQUIERDA SOCIALISTA DE MÁLAGA-PSOE.A
Is-psoe.malaga@terra.es
Publicado por CORRIENTE IZQUIERDA SOCIALISTA DE MÁLAGA DEL PSOE DE ANDALUCÍA. en 07:22
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Periodismo de opinión en Reggio’s
De la indignación al compromiso, de Juan López de Uralde, Inés Sabanés, Joan Herrera, Mónica Oltra, David Abril y Mario Ortega en El País
Hay alternativas más justas y eficaces. Como incrementar los ingresos con una fiscalidad dirigida a los que más ganan, más tienen y más contaminan. O reducir gastos militares, eclesiásticos y de infraestructuras ruinosas.
Asistimos a una crisis mucho más profunda que la crisis financiera. Es la crisis de un modelo de desarrollo ambientalmente insostenible, de un modelo económico socialmente injusto y de un modelo político en el que los partidos gobernantes, supeditados a los poderes económicos, han pervertido la esencia de la política y de la democracia -que, no olvidemos, significa gobierno del pueblo- cambiando el gobierno de la ciudadanía por el de los mercados financieros. Tenemos la convicción de la necesidad de una renovación radical de la política, en España y en el mundo, para regenerar la democracia y hacer que la economía esté al servicio de las personas de acuerdo con las necesidades reales de la sociedad y los límites de la biosfera. Estamos en ello.
Compartimos la visión de quienes consideran que la izquierda ahora gobernante tiene un problema mucho más grave que el del avance electoral de la derecha, que es su falta de horizonte y su incapacidad de imaginar otra receta que la de aceptar las presiones antisociales y degradar los derechos públicos y las condiciones laborales. A su vez, hoy no basta con las opciones tradicionales a su izquierda que no solo no han llegado a recoger el voto ofendido sino que han envejecido como alternativa. Si queremos ir más allá, no solo queremos detener a la derecha, sino también cambiar la izquierda.
Porque las respuestas del siglo pasado no sirven para el siglo XXI y porque a los ideales solidarios hay que sumar nuevos valores: la equidad entendida como igualdad de oportunidades y protección social; el ahorro, la mesura y la eficiencia en el uso de los recursos; la responsabilidad para con las personas y la sociedad, con los animales y con las generaciones futuras; el equilibrio en las relaciones con la naturaleza; la independencia de las instituciones públicas respecto a los poderes económicos; la gestión transparente, honesta y eficiente de lo público al servicio de la ciudadanía, la democracia participativa y deliberativa; el pacifismo activo… para abrir caminos hacia otro proyecto realista de sociedad y de civilización en el que sea posible la convivencia pacífica y el bienestar humano para toda la población, ajustando el desarrollo a los límites físicos y biológicos del planeta, en un mundo que, aunque no perfecto, sea viable para todos y más justo.
Estos valores, sobre los cuales debería ser posible encontrar en la sociedad un amplio entendimiento -más allá de las percepciones ideológicas tradicionales-, deberían configurar una línea de salida concreta a la crisis económica actual, que no solo ha provocado ya cinco millones de desempleados en nuestro país y 200 millones en todo el mundo, sino que amenaza con desmantelar el Estado de bienestar, los derechos laborales y la protección social en Europa y con arruinar las perspectivas de una globalización equitativa a escala mundial.
Esa salida es posible: hay otras alternativas más justas y eficientes para superar la crisis. Alternativas como incrementar los ingresos con una adecuada fiscalidad dirigida a los que más ganan, más tienen y más contaminan; modulando la reducción del gasto reduciéndolo de las subvenciones a las actividades contaminantes, de las inversiones en infraestructuras ruinosas -AVE sin pasajeros, aeropuertos sin aviones, autopistas solitarias-, de los gastos militares y eclesiales, etcétera… en vez de quitárselo a los pensionistas o a los empleados públicos, que educan a nuestros hijos, curan a nuestros enfermos y cuidan a nuestros mayores.
Las empresas, por su parte, lo que realmente necesitan no es más flexibilidad para despedir, sino más crédito para producir y contratar.
Es otro enfoque, perfectamente viable. Es necesaria una nueva política económica que tenga como objetivo la creación de empleo, especialmente en la economía verde y en los servicios sociales.
Pero este nuevo enfoque requiere abrirse camino a escala europea, porque no hay soluciones Estado por Estado. No habrá protección de la sociedad frente a los mercados financieros mientras no haya una respuesta diferente de las autoridades europeas: solo una mayor unidad política, económica y fiscal europea -con bonos europeos para una financiación de las deudas soberanas a menores tasas de interés y a más largo plazo, con una agencia europea de calificación y con una tasa a las transacciones financieras- impedirá que el manejo de la deuda griega y la de los demás países periféricos por parte de los mercados financieros acabe por llevar al euro al colapso y a Europa a la ruina.
Los Verdes europeos, con los que nos identificamos, se están batiendo en el Parlamento Europeo por soluciones similares y han propuesto un green new deal para Europa, porque solo la economía verde y baja en carbono permitirá avanzar hacia otro modelo productivo y de consumo frente a una crisis que no es solo financiera y económica, sino también energética, climática y ecológica.
La peculiar situación española, con un desempleo insoportable, aconseja emprender esa dirección. Posibilidades no faltan: España cuenta con un potencial extraordinario en el desarrollo de las energías renovables, con la mayor superficie cultivada de agricultura ecológica, con capacidades tecnológicas en sectores emergentes, con excelentes profesionales en salud, investigación científica y educación, con una sociedad civil emprendedora… que podrían llevar a construir un desarrollo diferente y con pleno empleo. Pero con trabajos menos vulnerables y más sostenibles: solo las actividades generadoras de empleos verdes, como las energías renovables, la agricultura ecológica, el transporte sostenible, la rehabilitación de edificios, etcétera… podrían generar dos millones de nuevos empleos e importantes beneficios sociales, ambientales y económicos.
Recientemente, el autor de ¡Indignaos!, Stéphane Hessel, nos decía que ahora es el momento de pasar de la indignación al compromiso, cada quien desde su ámbito. Quienes suscribimos este artículo lo hacemos desde el ámbito de la política. Hemos acogido receptivamente las movilizaciones sindicales contra la reforma laboral, las reflexiones y propuestas de las gentes de la cultura y escuchado con atención las demandas indignadas de las plazas tras el 15-M, con las que coincidimos. Pensamos que no solo deben cambiar las políticas, sino también la política. Hacen falta reformas electorales y constitucionales de gran calado, una nueva transición para una mejor representación de la ciudadanía, más activa y directa, el fin del bipartidismo y de la partitocracia, un nuevo empoderamiento popular y un republicanismo participativo en el que el poder esté más repartido, con partidos más democráticos, transparentes y refractarios a la corrupción, con organizaciones sociales y ciudadanas más representativas y con más poder de consulta, control y codecisión, donde la iniciativa legislativa popular y los referendos locales, autonómicos y estatales sean instrumentos habituales y normalizados de ejercicio de la democracia… Una democracia que no lo fíe todo a lo representativo, sino que para ganar legitimidad se le añadan instrumentos de democracia participativa y deliberativa.
El desafío no es menor. El momento histórico y la demanda de la sociedad nos exigen algo nuevo e intentarlo hacer en el sentido más amplio y unitario posible. En este contexto queremos contribuir dinamizando un amplio movimiento político que promueva salidas viables, y, por tanto, distintas de la crisis que padecemos, en clave de equidad social, sostenibilidad ambiental y de mayor democracia. Queremos contribuir a construir un nuevo espacio político plural que ofrezca un cauce de participación a las personas que no se resignan a contemplar pasivamente esta situación; especialmente, queremos crear un espacio de activismo político para las generaciones emergentes y de construcción de alternativas para todas las personas que estén dispuestas a comprometerse generosamente para encontrar, individual y colectivamente, soluciones de actualidad a los desafíos de nuestro tiempo. Ese es nuestro compromiso.
Juan López de Uralde, EQUO, comisión promotora; Inés Sabanés, EQUO; Joan Herrera, secretario general de ICV; Mónica Oltra, diputada de las Cortes Valencianas por Compromís; David Abril, secretario general de Iniciativa Verds (Baleares) y Mario Ortega fue coordinador de Los Verdes de Andalucía.
Publicado por Reggio's
14 Septiembre, 2011, a las 7:20 am
Colgado en: Derechos, Ecología, Medio Ambiente
Autor: David Abril, Inés Sabanés, Joan Herrera, Juan López de Uralde, Mario Ortega, Mónica Oltra
« El abismo puede esperar, de Juan Ignacio Crespo en El País
Castellano y González-Bueno, un dúo sugerente, de Primo González en República de las ideas »
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Javier Caso Iglesias
Os adjunto una propuesta que nos traslada Juan A. Pérez Unquiles (CpL) de un posible texto pidiendo la unidad de las fuerzas progresistas ubicadas a la izquierda del PPSOE. Nos indica que el último párrafo habría que adaptarlo a cada comunidad autónoma. Como al inicio del mismo se indica, la parte más importante de este texto se ha sacado de un artículo publicado en El País y escrito por Juan López de Uralde, Inés Sabanés, Joan Herrera, Mónica Oltra, David Abril y Mario Ortega.
Indignados y comprometidos
La parte más importante de este texto la hemos sacado de un artículo publicado en El País y escrito por Juan López de Uralde, Inés Sabanés, Joan Herrera, Mónica Oltra, David Abril y Mario Ortega.
Asistimos a una crisis mucho más profunda que la crisis financiera. Es la crisis de un modelo de desarrollo ambientalmente insostenible, de un modelo económico socialmente injusto y de un modelo político en el que los partidos gobernantes, supeditados a los poderes económicos, han pervertido la esencia de la política y de la democracia -que, no olvidemos, significa gobierno del pueblo- cambiando el gobierno de la ciudadanía por el de los mercados financieros. Tenemos la convicción de la necesidad de una renovación radical de la política, en España y en el mundo, para regenerar la democracia y hacer que la economía esté al servicio de las personas de acuerdo con las necesidades reales de la sociedad y los límites de la biosfera.
Compartimos la visión de quienes consideran que la izquierda ahora gobernante tiene un problema mucho más grave que el del avance electoral de la derecha, que es su falta de horizonte y su incapacidad de imaginar otra receta que la de aceptar las presiones antisociales y degradar los derechos públicos y las condiciones laborales. A su vez, hoy no basta con las opciones tradicionales a su izquierda que no solo no han llegado a recoger el voto ofendido sino que han envejecido como alternativa. Si queremos ir más allá, no solo queremos detener a la derecha, sino también cambiar la izquierda, refundándola.
Porque las respuestas del siglo pasado no sirven para el siglo XXI y porque a los ideales solidarios hay que sumar nuevos valores: la equidad entendida como igualdad de oportunidades y protección social; el ahorro, la mesura y la eficiencia en el uso de los recursos; la responsabilidad para con las personas y la sociedad, con los animales y con las generaciones futuras; el equilibrio en las relaciones con la naturaleza; la independencia de las instituciones públicas respecto a los poderes económicos; la gestión transparente, honesta y eficiente de lo público al servicio de la ciudadanía, la democracia participativa y deliberativa; el pacifismo activo... para abrir caminos hacia otro proyecto realista de sociedad y de civilización en el que sea posible la convivencia pacífica y el bienestar humano para toda la población, ajustando el desarrollo a los límites físicos y biológicos del planeta, en un mundo que, aunque no perfecto, sea viable para todos y más justo.
Estos valores, sobre los cuales debería ser posible encontrar en la sociedad un amplio entendimiento -más allá de las percepciones ideológicas tradicionales-, deberían configurar una línea de salida concreta a la crisis económica actual, que no solo ha provocado ya cinco millones de desempleados en nuestro país (de ellos más de 900.000 en Andalucía) y 200 millones en todo el mundo, sino que amenaza con desmantelar el Estado de bienestar, los derechos laborales y la protección social en Europa y con arruinar las perspectivas de una globalización equitativa a escala mundial.
Esa salida es posible: hay otras alternativas más justas y eficientes para superar la crisis. Alternativas como incrementar los ingresos con una adecuada fiscalidad dirigida a los que más ganan, más tienen y más contaminan; modulando la reducción del gasto reduciéndolo de las subvenciones a las actividades contaminantes, de las inversiones en infraestructuras ruinosas -AVE sin pasajeros, aeropuertos sin aviones, autopistas solitarias-, de los gastos militares y eclesiales, etcétera... en vez de quitárselo a los pensionistas o a los empleados públicos, que educan a nuestros hijos, curan a nuestros enfermos y cuidan a nuestros mayores.
Las empresas, por su parte, lo que realmente necesitan no es más flexibilidad para despedir, sino más crédito para producir y contratar.
Es otro enfoque, perfectamente viable. Es necesaria una nueva política económica que tenga como objetivo la creación de empleo, especialmente en la economía verde y en los servicios sociales.
Pero este nuevo enfoque requiere abrirse camino a escala europea, porque no hay soluciones Estado por Estado. No habrá protección de la sociedad frente a los mercados financieros mientras no haya una respuesta diferente de las autoridades europeas: solo una mayor unidad política, económica y fiscal europea -con bonos europeos para una financiación de las deudas soberanas a menores tasas de interés y a más largo plazo, con una agencia europea de calificación y con una tasa a las transacciones financieras- impedirá que el manejo de la deuda griega y la de los demás países periféricos por parte de los mercados financieros acabe por llevar al euro al colapso y a Europa a la ruina.
La peculiar situación Andaluza y española, con un desempleo insoportable, aconseja emprender esa dirección. Posibilidades no faltan: Andalucía y España cuenta con un potencial extraordinario en el desarrollo de las energías renovables, con la mayor superficie cultivada de agricultura ecológica, con capacidades tecnológicas en sectores emergentes, con excelentes profesionales en salud, investigación científica y educación, con una sociedad civil emprendedora... que podrían llevar a construir un desarrollo diferente y con pleno empleo. Pero con trabajos menos vulnerables y más sostenibles: solo las actividades generadoras de empleos verdes, como las energías renovables, la agricultura ecológica, el transporte sostenible, la rehabilitación de edificios, etcétera... podrían generar millones de nuevos empleos e importantes beneficios sociales, ambientales y económicos.
Recientemente, el autor de ¡Indignaos!, Stéphane Hessel, nos decía que ahora es el momento de pasar de la indignación al compromiso, cada quien desde su ámbito. Quienes suscribimos este artículo lo hacemos desde el ámbito de la política. Hemos acogido receptivamente las movilizaciones sindicales contra la reforma laboral, las reflexiones y propuestas de las gentes de la cultura y escuchado con atención las demandas indignadas de las plazas tras el 15-M, con las que coincidimos. Pensamos que no solo deben cambiar las políticas, sino también la política. Hacen falta reformas electorales y constitucionales de gran calado, una nueva transición para una mejor representación de la ciudadanía, más activa y directa, el fin del bipartidismo y de la partitocracia, un nuevo empoderamiento popular y un republicanismo participativo en el que el poder esté más repartido, con partidos más democráticos, transparentes y refractarios a la corrupción, con organizaciones sociales y ciudadanas más representativas y con más poder de consulta, control y codecisión, donde la iniciativa legislativa popular y los referendos locales, autonómicos y estatales sean instrumentos habituales y normalizados de ejercicio de la democracia... Una democracia que no lo fíe todo a lo representativo, sino que para ganar legitimidad se le añadan instrumentos de democracia participativa y deliberativa.
El desafío no es menor. El momento histórico y la demanda de la sociedad nos exigen algo nuevo e intentarlo hacer en el sentido más amplio y unitario posible. En este contexto queremos contribuir dinamizando un amplio movimiento político que promueva salidas viables, y, por tanto, distintas de la crisis que padecemos, en clave de equidad social, sostenibilidad ambiental y de mayor democracia. Queremos contribuir a construir un nuevo espacio político plural que ofrezca un cauce de participación a las personas que no se resignan a contemplar pasivamente esta situación; especialmente, queremos crear un espacio de activismo político para las generaciones emergentes y de construcción de alternativas para todas las personas que estén dispuestas a comprometerse generosamente para encontrar, individual y colectivamente, soluciones de actualidad a los desafíos de nuestro tiempo. Ese es nuestro compromiso.
Por todo lo anterior quienes firmamos este documento creemos que en Andalucía habría que hacer una prueba con IUCA, PA y EQUO más otras fuerzas de Izquierda y el sector de indignados que quiera comprometerse. Los partidos actuales deberían construir formaciones políticas tipo “arrecifes de coral”, es decir, tipo ecosistemas de tipo social donde nadie es imprescindible, pero todos somos necesario. Todo ese movimiento/red de partidos y ciudadanos lo debería encabezar Alberto Garzón, el joven economista de ATTAC que puede representar bien la fusión entre lo nuevo que nace y lo que ha servido a la izquierda para transitar del siglo XIX al XXI.