EL PLANETA

Publicado en por laverapasoapaso1

"Diario del Valle"

 
FORO CONTRA LA INCENERACIÓN, TENERIFE

 

ARTÍCULO RECIBIDO DE: Santiago Luis García

 

Producen millo de una variedad local de más de dos metros en el cráter donde el imputado Macario Benítez pretendía construir un edificio de 1.000 metros y cincuenta plazas de aparcamiento

3.jpg'¿Parque periurbano o indecencia socialista en El Rosario?', con ese título comenzábamos en el verano de 2006 el seguimiento de una de las cafradas políticas, pelotazo ubanístico y ataque sin fundamento alguno al suelo rústico protegido más indecentes de los que se hayan tenido conocimiento por estos lares estas últimas décadas: El caso de Montaña Carbonero y el acoso a una familia que pretende mantener el uso agrícola de una montaña contra la amenaza de la hormigonera.

Y vaya si ha llovido desde entonces, vaya si han habido amenazas y ataques por parte de Macario Benítez y sus muchach@s (una de ellas, imputada por querer urbanizar un espacio protegido en Varadero, es hoy en día nada menos que Consejera de Medio Ambiente del Cabildo de Tenerife) que han llegado hasta negarles el empadronamiento pese a que la Justicia les ha aclarado una y otra vez que estaban atentando contra derechos fundamentales con dinero público. Pero ahí ha seguido firme la familia de Montaña Carbonero, con victorias parciales como la que judicialmente puso coto a la disparatada y grotesca pretensión de Macario Benítez de construir un restaurante en el mismo cráter de ese cono volcánico (suelo fértil donde los haya con unas condiciones fantásticas para los cultivos de secano) con mil metros de edificación y espacio para ¡50 aparcamientos! convenientemente asfaltados, al igual que la necesaria carretera de acceso. Impresionante pero tal cual lo plasmaron en el proyecto de Plan General, teniendo que ser los juzgados los que le recordaran al PSOE de El Rosario que esa montaña estaba protegida por el PIOT.

Pero claro que Macario no se ha conformado con eso, ni muchísimo menos, y ha seguido el acoso contra la pretensión de la familia de Montaña Carbonero de mantener el uso agrícola de la montaña. ¡Cómo le va a entrar en la cabeza a estos yonkis del hormigón que haya alguien que prefiera cultivar que plantar bloques! Para éstos, que han pasado de la venta ambulante de calderos a amasar fortunas inverosímiles en pocos años, sobre todo a base de especular con el suelo gracias a la 'milagrosa' recalificación, los intereses y valores que defiende esta familia le suenan a chino. No les entra en la cabeza ni les entrará jamás, máxime cuando el propio Macario Benítez se ha recalificado a sí mismo terrenos agrícolas limítrofes con Montaña Carbonero que han pasado a sus manos mediante expedientes de dominio para, como por arte de birlibirloque, convertirse en urbanos sin que fiscal alguno parezca tener nada que decir al respecto. Y claro, para hacer viable la urbanización de los terrenos de Macario no sólo se hace necesario meter a parte de Montaña Carbonero en la unidad de actuación sino que, además, se precisa una carretera de 12 metros de ancho que se va a llevar por delante cuatro o cinco bancales de esa montaña actualmente en producción.

Vamos, que la cacicada no ha terminado y, si a estos siniestros personajes no les paran los pies los tribunales (por medio de las imputaciones que Macario Benítez había dicho en campaña que habían sido archivadas pero que parece que no lo han sido tanto a la vista de las últimas informaciones de prensa), ahí tendremos que estar por largo tiempo (ya llevamos más de cinco años) junto a esta familia que estos días muestra con orgullo la plantación de millo de una variedad local que ha cogido una altura extraordinaria en el espectacular paisaje del que se puede disfrutar en la zona más alta de esa montaña que, por el momento, ha conseguido ponerse a salvo del bloque y el hormigón. Esperemos que, pese a la amenaza constante de Macario Benítez y sus muchach@s, se puedan ver muchas más plantaciones de millo, de papas y de trigo en Montaña Carbonero. Sería todo un síntoma de salud ambiental y de sostenibilidad pero, sobre todo, un síntoma de salud democrática donde el caciquismo pueda volver a caer derrotado ante la Justicia y el sentido común, que muchas veces pareciera el menos común de los sentidos, sin duda.

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