VILLEROS ILUSTRES
MARÍA ROSA ALONSO
IN MEMÓRIAM
DE: Bruno Juan Álvarez Abréu
Nació en Tacoronte (Tenerife) en 1910. Ha sido profesora, investigadora y ensayista. Con el pseudónimo de María Luisa Villalba firmó sus primeras colaboraciones periodísticas en diversos medios de Tenerife. Estudió Filología Española en la Universidad de Madrid, donde fue alumna de Ortega y Gasset, García Morente, José Gaos y Américo Castro, y donde se licenció y más tarde (1948) se doctoró. Fue miembro fundador del Instituto de Estudios Canarios, entidad de la que fue promotora en 1932. Profesora de la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de La Laguna (1942-1953). En este último año renunció a su cargo de profesora adjunta y se trasladó a Venezuela. Fue profesora de la Facultad de Humanidades en la Universidad de Los Andes (1958-1968) y subdirectora de la revista Humanidades de dicha universidad. Regresó a España ya jubilada. Ha cultivado la prosa narrativa y de evocación lírica. Además de innumerables artículos en revistas especializadas de España e Hispanoamérica, ha sido asidua colaboradora de la prensa del Archipiélago. Entre sus obras: San Borondón, signo de Tenerife (1940); En Tenerife, una poetisa. Victoria Bridoux Mazzini 1935-1862 (1940 y 1944); Con la voz del silencio (1945); Otra vez (1951), novela; El Poema de Viana (1952); Pulso del tiempo (1953); Manuel Verdugo y su obra poética (1955); Residente en Venezuela (1960); Sobre el español que se escribe en Venezuela (1967); Papeles tinerfeños (1972); La ciudad y sus habitantes (1989) y Santa Cruz, vocación de futuro (1989).
REVISTA DE PRENSA:
Pulso del tiempo, recopila los ensayos y artículos de María Rosa Alonso. 13/03/2006.
María Rosa Alonso y Dolores de la Fe publican en la colección Volcado Silencio. 27/02/2006
Dos nuevos libros de Volcado Silencio. 25/02/2006.
NOTICIAS/NOTAS DE PRENSA:
Los dos libros se incluyen en la colección Volcado Silencio, que ofrece títulos de autoras reconocidas por la crítica literaria canaria
Ediciones Idea reedita los dos nuevos libros en la colección Volcado Silencio, que ofrece títulos de autoras relativamente reconocidas por la crítica y la historia literaria canaria. Pulso del tiempo recopila diversos ensayos y artículos de María Rosa Alonso, una de las escritoras más independientes y agudas del Archipiélago en el siglo XX. María Dolores de la Fe recuerda, en Las Palmas casi ayer, con sencillez e ironía la «estampa quieta, placentera» que era esta ciudad a principios del siglo pasado, con la visión de quien ha sido testigo de la vida de Gran Canaria en esos años.
Pulso del tiempo
En Pulso del tiempo, María Rosa Alonso aborda, entre otros asuntos, comentarios parciales sobre su generación, perfiles literarios de españoles relevantes y contemporáneos suyos (como Dámaso Alonso, Unamuno, Dulce María Loynaz o Carmen Conde), apuntes de arte y notas de viaje a Toledo, Salamanca, Valladolid y también a tierras de Francia. La mayor parte de estos artículos fueron escritos en los años cuarenta «cuidando tropezones con una censura montaraz y absurda» y «atendiendo un poco a lo que se refiera a mi condición de española nacida en las Islas Canarias», en palabras de la autora, extraídas del prólogo (p. 14) y del prefacio (p. 21) del libro.
María Rosa Alonso (Tacoronte, Tenerife, 1910) ha sido profesora, investigadora y ensayista. Fue alumna de Ortega y Gasset, García Morente, José Gaos y Américo Castro en la Universidad de Madrid, donde se licenció y se doctoró en Filología Española. Fue miembro fundador del Instituto de Estudios Canarios y profesora de la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de La Laguna (1942-1953) hasta que se exilió a Venezuela, donde también tuvo una intensa actividad cultural y docente. Además de innumerables artículos en revistas especializadas de España e Hispanoamérica, ha sido asidua colaboradora de la prensa del Archipiélago.
Entre sus obras de encuentran la novela Otra vez (1951) y los libros de ensayos: San Borondón, signo de Tenerife (1940); En Tenerife, una poetisa: Victoria Bridoux Mazzini 1935-1862 (1940 y 1944); Con la voz del silencio (1945); El Poema de Viana (1952); Pulso del tiempo (1953); Manuel Verdugo y su obra poética (1955); Residente en Venezuela (1960); Sobre el español que se escribe en Venezuela (1967); Papeles tinerfeños (1972); La ciudad y sus habitantes (1989) y Santa Cruz, vocación de futuro (1989).
LAS PALMAS CASI AYER
Las Palmas casi ayer es el texto que María Dolores de la Fe leyó en el Aula de El Museo Canario el 4 de noviembre de 1977, con ocasión de su ingreso en esta institución. Las palabras de presentación del socio de número Manuel González Sosa se reproducen, igualmente, en el libro que acaba de reeditar Ediciones Idea.
María Dolores de la Fe introduce la presente edición con un texto actual, en el que contrasta aquella amable estampa con el presente que «parece que ha salido de los límites del dibujo (...) y a veces se nos echa encima, como uno de esos cuadros del americano Warhol». La crítica a la deshumanización en las relaciones y al desbordado crecimiento de la Isla no es, sin embargo, amarga y pesimista, sino que se deja colar fácilmente con su aparente ingenuidad, humor fino y simpatía hacia las gentes que pueblan Las Palmas, casi mañana.
La Laguna rindió este agosto un homenaje a la historiadora María Rosa Alonso
Cien años, casi, y sigue tan campante. María Rosa Alonso, historiadora y escritora, vivió la guerra, la ruindad de la posguerra, y ahora vive en Tenerife, donde nació, con su sobrino, Elfidio Alonso, escritor y folclorista, hijo de Elfidio Alonso Rodríguez, un alto cargo republicano que fue director de ABC cuando este periódico, en los tiempos de la guerra, era “republicano y de izquierdas”. Ahora, la Universidad de La Laguna, en la que enseñó y a cuyo amparo ayudó a fundar, en 1932, el Instituto de Estudios Canarios, le ha dedicado una exposición y un homenaje.
Fue alumna de Ortega, de Gaos y de Américo Castro; a lo largo de los años ha publicado, entre otros, el Poema de Viana, fundamental para entender el valor de ese poema clásico del pasado literario insular. Su fecunda experiencia como profesora en Venezuela dio de sí algunos libros, entre ellos Residente en Venezuela. Es, además, autora de una novela, Otra vez, publicada por primera vez en 1951.
María Rosa Alonso siempre fue una mujer en alerta; ahora se queja de la sordera, pero no ha perdido ninguna de sus restantes “facultades radicales”; se sigue indignando “ante las sinvergonzonerías y ante las bobadas”, que abundan alrededor.
Resiste el tiempo con un vigor que parece nacer de su independencia. Entre sus amistades atesora muy fielmente las de Julián Marías y Joaquín Satrústegui, “dos caballeros, dos amigos tan próximos y generosos”.
Poco dada a figurar, ahora su figura, menuda y enérgica, ha sido reivindicada por la Universidad de La Laguna, cuya biblioteca ha acogido una exposición de sus libros y de su historia. Miguel Martinón, que la preparó, decía en el catálogo: “María Rosa Alonso, con un admirable tornaviaje, con una rica carga de vida y obra, vuelve a la biblioteca que guarda la obra de su vida, la vida de su obra: vuelve a su biblioteca…”.
Siempre al rojo vivo, fue de las primeras mujeres que pisó una universidad, “en contra de la voluntad de mi madre”, que quería que fuera maestra, y vivió su mejor momento en Madrid, en los años treinta del siglo pasado. “Ahí me hice, trabajando muchísimo para ser la modesta persona que soy…”. Américo Castro fue su maestro, Ortega y Gasset le enseñó… Y vino la guerra, “una ruptura y una vergüenza”. Y una nostalgia, de aquellos grandes maestros “de una universidad gloriosa”… La posguerra, recuerda ella, “fue espantosa”, un reflejo de la mediocridad de Franco. Ni republicana ni monárquica, “sino de los gobiernos decentes”, María Rosa Alonso, jamás se recuperó de la guerra, “de eso no se recupera nunca nadie”.
La guerra “rompió aquella excelente universidad”, que jamás ha podido recuperarse, y a ella la sumió “en la nostalgia de los maestros”. De su vida en Madrid recuerda a Marías, a Satrústegui, a Tovar, a Ridruejo, y con esa lista define en cierto modo su manera de estar en la cultura política de entonces. “Satrústegui era un gran señor; Julián Marías, su mujer, Lolita, una pareja encantadora…”, y entre sus satisfacciones está que los hijos de esos amigos “siguen siendo ahora muy amigos míos”.
Escribía María Rosa Alonso en las páginas de El Día a la altura de sus inmediatos 97 años que ya su vida navegaba "con la proa al último viaje, al misterio del no ser y del olvido...". Ha sido cerca ya de cumplir sus 102 años cuando esa proa al fin ha arribado al otro lado de la orilla.