ART. DE GULAG
"Diario del Valle"
LA CULPA
ARTÍCULO DE: Lorenzo de Ara
Decía Albert Einstein que siempre es mejor hablar con sencillez y dejar la elegancia para los sastres. O algo así. Y tenía razón. A los políticos, a los curas, a los médicos, a los abogados, a los banqueros, a los funcionarios, también a los periodistas y a los mudos, hay que pedirles que empleen esa sencillez de la que hablaba el genio alemán.
En el ayuntamiento del Puerto de la Cruz hace mucho tiempo que se perdió la sencillez en la comunicación y también la elegancia en el ejercicio del poder. Igual sucede cuando se practica la oposición. Naturalmente que siempre ha habido excepciones, pero por regla general, el consistorio se ha visto envuelto en una sucesión de escándalos sonoros, barriobajeros y mezquinos. Tal degradación ha llevado a la ciudad a ocupar siempre los principales titulares de la prensa.
El insulto, el autoritarismo, la demagogia, la sinrazón, el atropello, las amenazas, el extremismo ideológico y la incultura política han sido, y todavía son, el más grave problema que tiene el municipio para levantar cabeza.
Es cierto que desde hace tiempo los poderes económicos y políticos tienen su mirada fija en el sur de la isla. Y es natural. Mientras el sur, con Adeje y Arona a la cabeza, han experimentado un crecimiento, desarrollo y progreso innegables, nuestra ciudad ha permanecido atrasada, tambaleante, sumisa y secuestrada por algunos políticos que no han sabido y tampoco han querido trabajar con decoro y sencillez.
Por esa razón niego que el atraso del Puerto de la Cruz sea la consecuencia de una sucesión de atropellos externos. No creo que el Cabildo, Gobierno de Canarias, Madrid o Bruselas, se hayan confabulado para hundir el prestigio de la ciudad.
Nosotros, con nuestros representantes públicos a la cabeza, hemos trazado la senda del fracaso. Nosotros, de la mano de la política más pueril y vocinglera posible, hemos fabricado un presente doloroso y pobre.
Los eufemismos se emplean con mucha facilidad. El eufemismo más común es el que se empeña en ocultar la gravedad de la situación. Los políticos, jóvenes o viejos, hablan con arrogancia. Donde existe el precipicio, ellos hablan de valle; donde está un agujero negro, ellos ven la salida del túnel; donde está el caos y la desorganización, ellos encuentran orden y orfebrería organizativa; donde hay paro, miseria, hambre y desaliento, ellos solo ven oportunidades para todos.
Si otros municipios, también con problemas, han aprovechado la oportunidad que se les presentaba, ¿por qué el nuestro ha dejado escapar el progreso?
La respuesta está en las sesiones plenarias de carácter ordinario y extraordinario que se desarrollan en el Ayuntamiento. Acudan a ellas. Mantengan la independencia, cierta perspectiva, no se dejen embaucar. Escuchen.
Descubrirán que muchas veces el quehacer del político en ese habitáculo se reduce exclusivamente a repartir mamporros dialécticos. Descubrirá el asistente que el insulto, la ramplonería, el extremismo y el agobiante no por sistema se adueña de todo, y así, hora tras hora. El desencuentro y la basura ideológica acaban por arruinar el futuro de los portuenses.
No siempre ha sido así, claro, No siempre sucede así, claro. Y no siempre hay sesiones plenarias lideradas por el escándalo. A veces, la cordura impera. A veces la sensatez cobra forma en el gobierno y en la oposición. Es entones cuando se alcanzan acuerdos y se traslada a la opinión pública que la ciudad es capaz de salir adelante.
Lo he dicho y lo vuelo a repetir. Los pesimistas son necesarios, siempre y cuando tengan los pies en el suelo. Los optimistas vendidos al mejor postor no sirven para nada. Esos titiriteros utilizan el eufemismo. La elegancia del sastre, y no la sencillez en la comunicación y en el trabajo.