ART. PORTUENSE
"Diario del Valle"
BREVES COMENTARIOS SOBRE DROGODEPENDENCIA
ARTÍCULO DE: Celestino González Herreros
Sin preámbulos, voy derecho al tema, que hoy tanto me interesa abordar, dadas las circunstancias y las características que en sí concurren. Se trata de la ardua tarea que, desde hace ya algunos años, libran los abnegados hombres y mujeres que luchan, cara a cara, con el problema de la drogadicción y las nefastas consecuencias que, lastimosamente, están sufriendo al caer en las redes del desgraciado vicio. Ante todo, decir que son enfermos y que necesitan más de nosotros, más caridad que el desprecio. No es tan fácil, ni decirlo ni aceptarlo, desde el punto de vista humanitario. Es una lacra más de nuestra moderna sociedad, y que también lo fue antes, en distintas épocas de la historia universal.
Siempre hubo vicios que trastornaron la paz humana, así como siempre ha habido personas indiferentes al dolor ajeno. Es más, personas que por sistema, no se cansan de fastidiar a los que luchan por buscar soluciones coherentes, para hacer menos gravosa la situación de angustia en que viven dichos enfermos. Es un problema muy serio, y que, a corto o largo plazo se va paliando. De hecho, las estadísticas lo confirman, siendo alentadores los resultados de las mismas. Pero es necesario que el resto de la sociedad se sensibilice y trate de comprender la situación que se vive; y desde luego, no entorpecer, mil veces repito, por sistema, los esquemas trazados, con las mejores intenciones y como corresponde al urgente asunto. Con el mejor de los espíritus solidarios, se han buscado causes y soluciones, con esfuerzos increíbles... Y es grata la ilusión que genera saber que se trabaja por el bien de los demás. Primero, el enfermo toxicómano y las distintas condiciones en que se desenvuelven, desean salir de ese oscuro agujero donde han caído, desean curarse y nos lo piden desesperadamente. Y de hecho, la mayoría de ellos se recuperan gracias a ese afán y la férrea voluntad que ponen en la lucha por vencer su mal. No son apestados, son las evidentes víctimas de una “fácil” sociedad de consumo, de una sociedad en decadencia, que, poco a poco, se ha ido desmoronando y que, de alguna manera, debiéramos contener esa marcha negativa que la maltrata y la corrompe. Mas, tenemos que luchar todos juntos, no poner obstáculos continuamente al esfuerzo de los demás, aquellos que se afanan por conseguir la recuperación de la paz social, moral y cívica, que necesitamos. Esa paz que genera el grito de nuestra conciencia al desear, honradamente, socorrer a nuestros semejantes, no de nuestros infundidos temores, sino del abandono que sufren tantas gentes con la complicidad injusta de otros que se hacen los ciegos e insensibles al dolor ajeno.
No se trata de politizar aquellos esfuerzos; es obligación de todos, sin colores políticos, defender la lucha por la eficiente y encomiable labor desarrollada por todos los Centros de Toxicomanías Nacionales, lucha que será larga y será hasta el final, compartida por todos, sean de aquí, sean de allá o del mismo infierno.
Todas las familias, por muy poderosas que sean algunas, están expuestas a sufrir el percance más triste, como puede ser, tener a alguien en su ceno, caído en la trampa suicida de la horrible adición.
Personalmente, y gracias a Dios, no puedo quejarme, hemos tenido suerte de permanecer limpios, en ese sentido. Pero, créanme, sería incapaz, por nada del mundo, de molestar -así porque sí- a los que quieren seguir trabajando, con honradez y justicia, por ayudar, en cuanto fuera posible, a la sociedad donde vivimos; y ello iba a ser positivo, agradeciéndole a ciertos sectores que sólo buscan protagonismo banal, que no obstaculicen con sus estériles argumentos, algunos de los muchos logros conseguidos en favor de la lucha contra la droga
Señores, colaboremos con tan maravillosa causa y la mejor forma de hacerlo es ayudando al enfermo, que no se sienta solo en tan terrible lucha, animémosle y escuchémosle cuando solicitan nuestra valiosísima ayuda, que no nos teman jamás ni vean en nosotros miedos algunos, ellos entienden nuestros buenos deseos y si fuera necesario compartamos su dolor mostrándoles nuestra mejor disposición. aceptándola como una posible solución al problema que nos ocupa y les atañe, entre tantas otras desgracias que siempre surgen. Y que repito, con la ayuda de tantos buenos colaboradores, de los Centros de Drogodependencia y la eminente gracia de Dios, un día ese terrible mal será vencido y definitivamente erradicado de nuestra sociedad.