DESDE EL MUELLE

Publicado en por laverapasoapaso1

"Diario del Valle"

 

LA FIESTA PRINCIPAL DE PUERTO DE LA CRUZ EN OTROS TIEMPOS (I).    

 

ARTÍCULO DE: Agustín Armas Hernández.

 

1Cada nación, pueblo o persona celebra, como saben todos, su fiesta anual principal; sea por uno o varios días.

 

            La fiesta nacional de nuestra patria es el 12 de octubre «Día de la Raza». Otras naciones celebran La Constitución, La Independencia, etc. Los pueblos greco-latinos y otros suelen consagrarse a su Santo-Patrón. En el caso de las personas exaltan su cumpleaños o  su día onomástico.

 

            Pues bien, mi pueblo, el Puerto de la Cruz, que ha llegado a ser, paulatinamente, ciudad turística de primer orden y principal receptor del turismo canario, ensalza también, cómo no, a dos sagradas imágenes: la Stma. Virgen del Carmen y el Gran Poder de Dios.

 

            “Las gentes sorprendidas miraban a lo alto mientras los cañones seguían rompiendo con su estridencia la quietud de aquella tarde calurosa del mes de julio portuense, año de 1950”.

 

            “¿Qué estaba ocurriendo? preguntábanse unos vecinos a otros, extrañados por el estruendo de los cohetes, rompedores del letargo y quietud ranilleros. Mas, no tardaron en darse cuenta, se trataba de los primeros cañones anunciadores de la cuenta atrás para el comienzo de las fiestas en honor de sus dos veneradas Imágenes, el Gran Poder de Dios y la Stma. Virgen del Carmen”.

 

            ¡Alegría!, ¡todo el mundo en movimiento! En aquel entonces -ahora se ha perdido la costumbre- al comenzar el mes de julio, mes de las fiestas, se lanzaban al aire media docena de cañones como preludio de que se acercaban dichas fiestas.

 

            En aquel trajín de preparar todo, uno de los primeros que se veía por las calles era a D. José Rodríguez Pérez («el chispa») dando órdenes escuetas a sus ayudantes, quienes transportaban las plumas para más tarde colocar banderas y gallardetes en el muelle pesquero y principales calles y plazas portuenses.

 

 Anunciada la proximidad de las fiestas, nuestras madres acompañadas de sus respectivas amigas, invadían las pocas tiendas de tejidos y zapatos para adquirir los trapitos y calzados más acordes con sus gustos y posibilidades monetarias.

 

            En la década de los cincuenta la moneda brillaba por su ausencia, y no todos podían comprar trajes y zapatos para sus hijos. Ante este panorama, ¿qué hacer? pues... nada, ¡utilizar el ingenio! Las madres cuyo amor todo lo puede, descosían, cortaban y teñían, para después volver a coser el traje del año o años pretéritos, de forma que, camuflado en el tinte, pareciera un nuevo modelito y de actualidad. En cuanto a los zapatos que no todos teníamos, ídem de lo mismo. O se llevaban al zapatero para que le adosara suelas nuevas, o se lustraban a base de betún y cepillo. Y, a veces, los zapatos sin calcetines, por no tener -como dije- dinero para comprarlos. Pero contentos, pues algunos eran menos afortunados y sólo podían salir con alpargatas de lona o de goma. Mas ¡todos a la fiesta!

 

            En aquellas noches, aunque no tan lejanas como se puede entender, las fiestas en honor del Gran Poder de Dios y la Stma. Virgen del Carmen, eran concebidas de tal forma que los actos religiosos se apartaban y sobresalían de los profanos. Hoy desgraciadamente no podemos decir lo mismo puesto que, en el colmo de la vulgaridad y el mal gusto, se suele mezclar todo, o sea, lo religioso con lo profano. Como si todas las cosas y todo el mundo fuera «güeno».

 

            Se explota a niñas y mujeres, eligiendo reina infantil y juvenil, y se realzan estos valores como si fueran la esencia de una fiesta. Por otro lado, todo se va en comilonas: ventorrillos y chiringuitos.

 

            De ahí el dicho: «no hay mal que por bien no venga», ¿poco dinero entonces?, pero más austeridad y por ende, elevada espiritualidad.

 

            Pero... prosigamos, en aquellos años, llegado el momento, todo estaba en orden: terminado el programa y hablados los intervinientes. De ello se encargaban D. Miguel Acosta Padrón y D. Pedro Álvarez Peraza (organizadores de los festejos, ahora ya desaparecidos).

 

            Oradores sagrados solían venir mucho al Puerto, principalmente D. Leopoldo Morales Armas: costumbre ésta que terminó con cambios post-conciliares.

 

            Solíanse contratar para los actos litúrgicos a los mejores coros de la isla, especialmente de La Laguna. Costumbre que también pereció por dicha causa, a pesar de tales cambios; ¿acaso no estimamos lo suficiente a nuestro «Viejito» (nombre cariñoso que se le suele dar al Gran Poder de Dios) y a la Stma. Virgen del Carmen? Si los queremos, y me consta que si, entonces ¿por qué no se incluyen en los del municipio, ya que, en otros menesteres, suelen ser tan espléndidos?

 

Aquel año como en tantos otros D. Basilio Herrera Cabrera (hermano mayor del Gran Poder), hace años fallecido, y sus hijos, bajaban con todo cuidado y cariño de su altar la imagen del Gran Poder de Dios para vestirlo con su túnica de gala y colocarlo en su trono procesional, previa limpieza y abrillantamiento de jarrones y candelabros de plata. En la actualidad estos menesteres corren a cargo del hermano mayor D. Pedro Melián y su señora esposa Conchita Carrillo, siempre  ayudados por  otros cofrades.

 

           Los encargados de bajar la imagen de la Virgen del Carmen eran, en aquel entonces, las señoras: Carnita Carmona Moyato y su hermana Rosa Carmona Moyato. Esta última era la presidenta (hermana mayor) de la hermandad de la Stma. Virgen del Carmen y madre del conocido constructor y promotor turístico portuense D. José Manuel Soto Mayor Carmona, el que fuera colaborador inseparable del alcalde D. Isidoro Luz Cárpenter. Ellos, el alcalde y el constructor, empezaron el engrandecimiento y embellecimiento del Puerto de la Cruz. En arquitectura urbanística y en promoción turística.  A José Manuel se debe la construcción de la piscina San Telmo (más tarde «Lido San Telmo»), Cintra Club, Columbus y, también, al desaparecido y añorado, anterior, Bar Dinámico. El anterior Bar Dinámico no fue el primer bar que se fundara en la Plaza del Charco, existió, al menos, otro que yo conocí; de madera decorada y de forma algo rectangular. ¡Qué lástima que al igual haya desaparecido!

 

            Desde aquel entonces, que cesara la Hermana Mayor de la Virgen del Carmen, hasta hoy, ha pasado más de medio siglo. Varias son las féminas que han tomado el relevo, unas por el fallecimiento de la anterior y otras por  enfermedad o no poderla atender coma se merecía y merece. Hasta hace un mes u dos lo era la Sra. Concepción Rodríguez. Ceso para dar paso a un joven portuense. Y, miren que curioso, esta vez ha tomado el cargo un hombre. Que yo sepa siempre lo había  sido una mujer la que regía este cargo. Al contrario que la hermandad del Gran Poder de Dios, que, siempre que yo recuerde, lo ha sido un varón. Juan Manuel Carrillo González es el nombre del nuevo y flamante Hermano Mayor de la Hermandad de La Virgen del Carmen

 

            Lo dicho, a la fiesta con traje nuevo y no teñido, con zapatos nuevos y no remendados, pues soplan otros vientos. Pero con la fe de aquellos tiempos. ¡Viva el Gran Poder de Dios! ¡Viva la Virgen del Carmen

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