ESPECTADOR
"Diario del Valle"
DOS PERSONAJES DE LA VILLA
ARTÍCULO DE: Evaristo Fuentes Malián
Dos personajes de la vida cotidiana y la geografía humana de la Villa de La Orotava han fallecido casi al mismo tiempo. A uno de ellos, sus facciones se le fueron abotargando con el tiempo, supongo que por la medicación recibida contra alguna enfermedad que desconozco. Era aficionado acérrimo al deporte en general. Iba por los bares del centro urbano y entablaba conversación de un modo reiterativo, quizá obsesivo, sobre las incidencias del fútbol y otros deportes, fichajes, resultados y pronósticos.
El otro recientemente difunto, era coetáneo y fue vecino en su infancia de Isaac Valencia, el actual alcalde. Me cuentan una anécdota que, aun con el respeto debido a la primera autoridad municipal, he de contar. Aquellos años de nuestra niñez y adolescencia, en municipios semi rurales y semi urbanos como esta Villa norteña, era frecuente en las pandillas realizar un ‘ejercicio práctico’, que en el argot se llamaba “Ir a robar uvas”. El término ‘robo’ no es el más adecuado, pues consistía el irrelevante acto — no estoy nada seguro de que fuera punible -- en ‘coger’ un par de gachas o racimos de la parras de las viñas en fincas con las uvas ya maduras a punto de vendimiar. Y salir ‘mandados’, corriendo con ‘las patas en el culo’ y las uvas en ambas manos, antes de que el dueño, encargado o medianero se liara a la pedrada, que era un modo muy pedestre y a la vez práctico de llamarles la atención. Pues bien: este hombre, extinto recientemente, cada vez que veía a su compañero de andanzas tempranas, Saso para los amigos, tenía una matraquilla en su ya maquillada y afectada mente, que ya andaba “más pallá que pacá”, como suelen decir los que se tienen por normales, término éste último a todas luces, en muchos casos, discutible… Y cada vez que se encontraba con Saso, le espetaba sin cortarse un pelo donde fuera y con quien estuviera: “Saso, ¿no te acuerdas de cuando íbamos a robar uvas?”
Menos mal que nunca –que yo sepa-- llegó a decírselo en plena campaña mitinesca electoral. Le hubiera reventado el discurso largo, aletargado, frecuentemente de adormidera, de Isaac Valencia, que pronto cumplirá 74 años de edad y, poco más tarde, una treintena en la cúspide de la política local orotavense.
Todo sea dicho y oído sin acritud.