LOS REALEJOS AL DÍA
AQUELLAS FIESTAS DE SAN PEDRO
ARTÍCULO DE: Esteban Domínguez
En el recuerdo de muchas gentes están aquellas fiestas en honor a San Pedro que se celebraban en su vieja ermita, junto al camino real que nos conducía a San Juan de la Rambla y otras localidades de la Isla Baja.
Era antes festivo el día del Apóstol, pero los políticos, lo cambian todo, y la tradición festiva de ese memorable día, se acabó. Pero la iglesia sigue celebrando esta festividad, que a pasado de ser fiesta en todo el País, a ser una fiesta ordinaria más, y evitar tanto desgaste festivo.
Pues bien, el día de San Pedro, al finalizar junio, se celebra en Los Realejos con normalidad, pero antes con mayor atracción. Allí acudían muchas gentes de distintos lugares del municipio, y casi era una obligación, visitar al Santo en su Ermita, muy cerca de la Rambla de Castro.
Aquellas gentes que bajaban hasta San Pedro, junto a sus familiares, tenían como norma, realizar la acostumbrada visita y orar ante la sagrada imagen. Venían previstas de grandes cestas de comidas. Que llevaban por el viejo camino a la cabeza, para luego almorzar y pasar el día en la playa. Otros preparaban en el callao los fogones y cocinaban las papas, las costillas de cochino y las piñas de millo, para así, almorzar al son del murmullo de las olas, mientras la playa del Socorro se llenaba de casetas hechas con cañas y palos y cubiertas de sábanas blancas para evitar los rayos del sol y comer en compañía de los suyos y de cuentos por aquellos contornos llegaban.
Era un día en que la pequeña cala, se llenaba de gentes de todas partes del municipio. Otros bajaban después de oír la Santa Misa de San Pedro del medio día, y ver salir la procesión del Santo por aquella vereda que nos conducía a las “Cuatro Ventanas”. Procesión en la que participaba el clero parroquial de La Concepción del Realejo Bajo, Banda de Música “La Filarmónica, y muchos acompañantes. Después de finalizada la función religiosa y la procesión, las gentes como ya señalábamos, bajaban para reunirse con sus familiares en dicha playa, que en muchísimas ocasiones, se hacía pequeña para dar cabida a tanta gente que ese día entusiasmados por la festividad, bajaban en ranchos, muchos de ellos, haciendo uso del sombrero o sombrilla que les librara del sol del verano.
Ya bien llegada la tarde, las gentes comenzaban a subir después de haber compartido los alimentos tradicionales y darse el acostumbrado chapuzón en las tranquilas aguas de aquella concurrida playa de arena muy fina, pero todos al subir se iban a la ermita de San Pedro, nuevamente, para orar ante la imagen.
Otros se trasladaban a la tasca de Vicente y Marcelina, a remojar el gasnate, con el buen vino de la zona, algunos trozos de pan o un plato de chochos, porque a una fiesta no se puede ir sin que por la garganta pase un trozo de pescado salado, o carne de cochino y el ánimo que da el vasito de vino.
En esa casa, junto a la vieja carretera general, la casa de Vicente y Marcelina, se convertía en el lugar de encuentros entre familiares y vecinos. Todos tatareaban con sus cantos la celebración de las fiestas de San Pedro con el mayor entusiasmo. Momentos aquellos que no se pueden borrar ni olvidar.
Hoy las fiestas de San Pedro se siguen celebrando, aunque pasaron por unas épocas nada afortunadas dado el mal estado en que se encontraba la ermita que estuvo a punto de irse al suelo. Y aunque ya han cambiado de forma, quizás por aquello de ser fiesta de guardar litúrgicamente hablando, en el ánimo de muchos está, ir a San Pedro el día 29 de junio, participar de los cultos programados y contemplar la exhibición de fuegos en su honor. Todo ello, gracias al empeño y colaboración de un grupo de hombres y mujeres que lo hacen posible con la colaboración de algunas firmas comerciales, como también el decoro de la ermita. Fruto indiscutible de un grupo de animados vecinos.
Después de tantas adversidades vividas, las fiestas de San Pedro vuelven a despertar el interés de muchos realejeros. Atrás queda lo que comentábamos antes: el recuerdo de tantas familias que en su Festividad, pasaban junto a sus centenarias paredes para agradecerle los favores recibidos y darle gracias por compartir tantos gratos recuerdos que en días tan señalados, están aun vivos en el sentir de la población realejera. Pueblo cargado de costumbres y tradiciones que debemos mantener, en la medida de lo posible.