DESDE LA LUNA

Publicado en por laverapasoapaso1

"Diario del Valle"

 

 

LOS DOMINGOS SON DÍAS TRISTES

 

ARTÍCULO DE: Rosario González Sánchez        

 

ROSARIO GONZÁLEZ SÁNCHEZ-copia-1Los domingos son días tristes. Sentada ola en un banco de la Gran Vía, veo pasar a cientos de personas. Me fijo en ellas, una a una. Los domingos son días tristes. Estoy lejos de mi familia, yo lo elegí así, para embarcarme en la aventura universitaria. Los domingos son días tristes. Una señora camina lentamente; su edad le impide andar con rapidez. Los años pasan factura, y su anciana rodilla ya lo nota.

Los domingos son días tristes. Comienza a nublarse y pequeñas gotas caen con poca fuerza sobre mí. Aún así permanezco sentada allí sola. Los domingos son días tristes. Dura despedida en el aeropuerto. Mi madre y mi hermana mayor no paraban de llorar de una forma desconsolada. Yo, intentando mantener el tipo hasta que el cristal de mis gafas de sol logró tapar mis húmedos ojos. Los domingos son días tristes. La lluvia cae con más intensidad; aún así yo no me muevo del banco. Mucha gente corre apresurada en busca de un pequeño lugar que les ayude a cobijarse. En cambio otros caminan, charlan tranquilamente bajo ese cielo oscuro. Los domingos son días tristes. Mi padre estaba trabajando en la cocina cuando yo me acerqué a despedirme. Me dio un suave pero intenso beso mientras giraba rápidamente la cara para que yo no viera como sus lágrimas recorrían sus mejillas. Los domingos son días tristes. Como siempre, mi hermano fue el único que supo mantener el tipo. Me animaba mientras yo lloraba porque sabía lo dura que sería separarme de ellos. Eran muchos kilómetros de distancia. Los domingos son días tristes. Es la hora de la cena. Debería irme ya a la residencia de estudiantes en la que me alojo desde hace ya seis meses, pero estoy profundamente triste. La nostalgia me ha invadido, se ha adueñado de cada célula de mi cuerpo. Los domingos son días tristes. Con mucho esfuerzo, me levanto finalmente del banco. Está completamente empapado. Mi silueta se insinúa levemente en él. Los domingos son días tristes. Comienzo a andar, pero de repente un dulce melodía me transporta al lugar de donde vengo, y del que quizás nunca debí salir. (Pensé que sería más fácil). Me acercó lentamente a ese mesón y si, es él: Pedro Guerra suena en un altavoz que está girado hacia la calle: “Mi casa está en el mar con siete puertas, yo ya no vivo allí pero me esperan……………..”. Conozco perfectamente sus canciones, y esa, en ese instante, me toca directamente el corazón. Los domingos son días tristes. Respiro hondo. No consigo evitar saborear mis lágrimas.

Qué dura es la distancia y cuánto los echo de menos. Sólo espero que esto merezca la pena. Sé que mi padre está muy orgulloso de mí, y me considera una joven muy valiente. Eso consigue reconfortarme un instante, pero un coche y un charco de agua me devuelven a la realidad. Hay que sacar fuerzas de flaqueza para conseguir tus metas. Los domingos son días tristes. Hoy es el último día de la semana. De repente suena mi teléfono móvil. Es mamá. Se interesa por mí, mientras me cuenta que está toda la familia reunida en casa porque es el cumpleaños de mi abuela. Apenas consigo articular palabra. Le doy las buenas noches y entro en el metro. Felicito a mi abuela con mente mientras pienso que tengo que ser fuerte. Me consuelo pensando que pronto tendré unos días libres para hacerles una visita. Los domingos son días tristes. Ya estoy en la cama, cierro los ojos y me alegro porque ya se acaba el día y mañana comienza una nueva semana.

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