DESDE LA LUNA
"Diario del Valle"
“MIS TRISTES 15 AÑOS”
ARTÍCULO DE: Rosario González Sánchez
15 años y toda la vida por delante. Pero eso no piensa Lucía, una preciosa niña rubia de grandes ojos azules que quiere comerse el mundo. Se retrata a sí misma como un pájaro enjaulado que no quiere más que volar por el mundo sola.
Ella sólo desea ser mayor. Es su ansiada meta: llegar a los 20 años. Salir por la noche, fumar en público, mantener relaciones sexuales, tener el carné de conducir, y no tener que dar explicaciones a nadie es lo que necesita para ser completamente feliz, o así lo cree ella.
Usa los zapatos de mamá y sus perfumes. Le roba el maquillaje y se escapa en cuanto tiene ocasión, a un encuentro furtivo con ese chico tan guapo (con moto), que comparte pupitre con ella en el cole, y al que le dedica esas miradas pícaras, y quién sabe, si algún roce bajo la mesa de clase.
Y para ella, eso significa ser mayor. Su inocencia es maravillosa, y por ello olvida, o quizás desconoce, todo lo que conlleva ser adulta, independiente.
Pero Lucía es igual que todas las adolescentes. También sus amigas comparten el mismo pensamiento; y eso les hace pensar que tener veinte años en “LO MAS”.
Y creo que eso nos ha pasado a todos. No vivimos el presente, el día a día, siempre queremos lo que no tenemos y por ello no valoramos el momento.
Lucía no va a ser menos. Pero nadie se ha parado a explicarle (y por una parte considero que es mejor así), la parte “difícil” de hacerse mayor: estudios, trabajo, casa, marido y quién sabe hijos.
Anhelamos lo que no tenemos y cuando ya lo hemos conseguido, tampoco es suficiente, y por ello buscamos otra excusa para seguir siendo “infelices”.
Yo disfruto mirando a Lucía: su frescura, su atrevimiento y esas ansias de vivirlo todo. Pero ella no es consciente de lo afortunada que es. Al contrario, se siente desgraciada por no poder hacer ahora lo que ella desea en cada momento.
“Siempre tengo que aceptar las normas de papá y mamá, y además hacer siempre lo que ellos me ordenan”. Es su frase favorita y la repite a todos y a todas horas.
Me reflejo tanto en ella (que nostalgia) y eso me provoca una leve sonrisa. Me siento frente a ella mientras merienda, la miró fijamente a los ojos y me apetece contarle lo duro que es hacerse mayor; pero respiro hondo y pienso que es mejor que lo descubra ella misma. Es su vida, y serán sus experiencias las que le enseñen, no las mías.
Lucía quiere tener veinte años, porque cree firmemente que todo será más fácil y divertido. Pero recuerda, querida princesa, que tienes un largo camino por recorrer, que tanto con 15, 20, 40 o 65 años, puedes vivir cosas maravillosas y disfrutar de cada momento; pero eso, por suerte o por desgracia, lo aprenderás sólo con el tiempo.
Cometerá miles de errores, y otros tantos aciertos; se tropezará y tendrá que aprender a levantarse ella sola, y si no pudiera, yo siempre estaré a su lado para tenderle mi mano.
Con el tiempo, la vida le enseñará, quizás a base de golpes, que es como aprendemos todos, que un día también fue maravilloso tener 15 años.
Querida princesa, comienza ya a andar que yo seguiré atentamente tus pasos.
Mucha suerte en la vida, mi querida Lucía.